martes, 9 de agosto de 2016

Las cinco carreras más cotizadas de la industria digital

Según el portal eMarketers, en el 2017, por primera vez las empresas invertirán anualmente más en publicidad digital (US$77mil millones) que en TV (US$72mil millones). Este crecimiento representa, a su vez, una mayor demanda de profesionales en distintas áreas de la industria, lo que significa una enorme oportunidad para formar parte de un sector que genera cada vez más empleos.

Para tres miembros de la industria así como colaboradores de la empresa Prodigious, existen particularmente cinco carreras profesionales que son las más cotizadas por las empresas desarrolladoras así como por las marcas, sin distinción de mercado, que ingresan cada vez con más fuerza en el mundo digital.

Front End Developers

Este perfil es uno de los que tiene mayor demanda en la industria pues “se necesita mucho en agencias dedicadas a la creación de plataformas, no hay personas suficientes para llenar estos cargos”, afirma Mauricio Gualteros, Client Director de Prodigious.

“Cada vez el Front End Developer (FED) es más relevante para mejorar la experiencia del usuario, dado que las aplicaciones cada vez se tornan más complejas y más ricas, y las tecnologías varían tanto que deben estar enfrentando los cambios cada vez más constantes en esta área”, menciona Esteban Marín, Project Manager de Prodigious.

El dominio práctico de Javascript es uno de los requerimientos que deben cumplir los FED, pues se ha convertido en uno de los lenguajes de programación de aplicaciones web más populares, y sus librerías más influyentes y famosas para desarrollo como AngularJS, Backbone, ReactJS y JQuery permiten la creación de plataformas, facilitando el desarrollo del lenguaje con funcionalidades integradas.

Back End Programmer

Para Andrés Quiñones, Client Director de Prodigious, los programadores Back End actualmente deben tener conocimientos técnicos en el uso de CMS (Sistemas de gestión de contenido) como AEM trabajando sobre lenguajes Java y como SiteCore, que trabaja sobre lenguaje .Net.

“Debido a que cada día son más grandes las plataformas web y tienen escala global en conexión con cientos de sistemas para encontrar información que se expone al usuario, cada vez hay mayor CMS que le permiten a los usuarios administrar su sitio, cambiar el contenido sin programar código pero con la ayuda previa de un experto en Back End” explica Quiñones.

Además del gran auge de uso que tienen plataformas como Java y .Net es importante que estos perfiles estén capacitados para programar desde tecnologías y herramientas  como asp.net, PHP, JSP, Python y Ruby.

Adicionalmente, recalca Quiñones que “en el futuro tendrán mucho auge los ingenieros híbridos, personas que no se especializan solo en Back End o en la implementación visual, sino que puedan integrar las dos partes de las plataformas”.

UX & Service Designer

Para Esteban Marín, aunque el User Experience sea un área reciente en la industria de la tecnología, hoy su auge se da dado de una manera muy fuerte, ya que es la forma mediante la cual se analizan los perfiles de usuario, las historias y se generan las estrategias para estrechar el vínculo entre plataforma y usuario.

“Aquí en Colombia este tipo de análisis no está siendo muy fomentado pero se encuentra en crecimiento y debe usarse para conocer de una manera más clara a nuestros usuarios”, menciona Andrés Quiñones.

Quality Assurance Engineers

Según Mauricio Gualteros, dado que medir la calidad del producto que se le entrega al cliente es parte fundamental del proceso de creación de una plataforma, los QA Engineers tienen y tendrán bastante campo en la industria digital. Actualmente, lo más solicitado en esta área son quienes cuentan con una especialización en Automation.

“Antiguamente, los QA solo realizaban procesos de calidad para computadores pero ahora deben saber de todo, estar familiarizados con varios devices, ahora es un poco más complejo y es mas dificil entenderlo” asegura Gualteros.

Así mismo “los QA deben además contar con buenos skills comunicativos para representar un usuario y proyectar su opinión a los desarrolladores, argumentando los errores, mejoras y cambios que se deben realizar en la plataforma”, añade.

Community Manager/ Content Strategists

Aunque éste sea un rol bastante nuevo que ha surgido gracias al auge de las redes sociales, para Mauricio Gualteros se está convirtiendo en un perfil indispensable en la industria. El Client Director de Prodigious considera que mantener viva a la comunidad de usuarios es un trabajo de dedicación  y estrategia, con el fin de generar cercanía entre la plataforma y los usuarios.

Aunque sean dos perfiles diferentes, muchas agencias de tecnología implementan que sólo una persona se encargue de la relación con la comunidad de usuarios y de la creación y desarrollo del contenido de una página o aplicativo, mientras que otras agencias contratan a los dos perfiles para las estrategias de relacionamiento y contenido.

“Aquí en Prodigious tenemos a dos personas, una se encarga de Redes Sociales y la otra del gerenciamiento de contenidos de los sites, pero definitivamente las dos deben trabajar en equipo y trabajar para la comunidad, para generar mensajes claros, estar en contacto con los usuarios y estar dispuestos a resolver dudas y mover la marca”, concluye Gualteros.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Comunicación digital y sociedad.


C
on el paso de los años el ser humano ha evolucionado física y mentalmente adaptándose al entorno que el mismo construye y transforma para su beneficio. Pasar de la premodernidad a la postmodernidad es habernos quitado una venda de los ojos para entender el mundo desde la ciencia, la filosofía, las ciencias humanas: las cuales aceptan en su totalidad ideas fundamentadas en la argumentación respaldando la verdad descubierta y con la que es posible construir todo aquello que necesitamos,  de la mano del desarrollo tecnológico  por el cual se da  un salto a la nueva era.

 Somos seres postmodernos, dependientes de la información, la publicidad, el ocio y entretenimiento  que se emite por los nuevos medios como internet y a través de él, las redes sociales y páginas web atestadas de noticias, cifras, audios y videos; somos fieles de la televisión y la radio que nos llenan la mente de ideas, opiniones y que conforme a ellas, emitimos nuestros propios juicios y acciones a favor o en contra. Aunque como lo afirma Castels “hemos llegado a una oscura era electrónica, en la que las nuevas hordas paganas, con todo el poder de la tecnología a sus órdenes, están a punto de arrasar las últimas fortalezas de la humanidad civilizada” (Castels, 2005: 15)

La labor diaria de periodistas, reporteros, comunicadores, editores, columnistas, redactores, directores de prensa y profesiones afines que se desenvuelven en el amplio campo de las comunicaciones es hacer uso de la era electrónica para revelar información y saber comunicar, pero también haciendo uso en el periodismo tradicional de libreta y bolígrafo.
Ya que la comunicación y el trabajo dentro de los medios que son un “campo transdisciplinar que se apoya en las ciencias humanas y sociales” (Ferrer,1997, p.31), debe haber completa libertad de prensa, de publicación en opiniones y noticias para todos aquellos que trabajen en el campo, pues los hechos deben siempre estar respaldados en la verdad y la variedad de fuentes, tal como lo afirmaba Guillermo Cano, periodista colombiano.

Hoy en día la libertad de prensa se evidencia un poco más espontanea en nuestra sociedad por el mismo auge de las tecnologías, donde nadie calla lo que piensa y tiene libertad de escribir lo que quiera con relación a hechos de actualidad, partidos de futbol, noticias, temas controvertidos. Los columnistas de importantes diarios son queridos por sus lectores cuando redactan y publican críticas fuertes que abran los ojos de la sociedad en temas de política o economía. Pero, digamos que hoy en día por los comentarios que se emiten en los medios en cuanto a opinión no hay censura de muerte como hace unos cuantos años lo vivieron en carne propia periodistas, o por lo menos en una medida menor teniendo en cuenta la época.

Ahora bien, ¿por qué razón silenciaron la voz  de Cano hace 25 años si su única labor fue hablar claro e informar a nuestra sociedad colombiana y al mundo los hechos con la verdad y la entrega propia de un periodista? O más bien, ¿es respetada la opinión de un periodista? ¿Qué hechos han sido necesarios para llegar a la censura y la coerción de libertad de periodistas y comunicadores?

Pues bien, para empezar a explicar el porqué de tan ilógicos hechos es necesario hacer un recuento histórico y contextual que nos lleve a entender cómo se dieron las circunstancias teniendo en cuenta que abarcaré no sólo nuestro país, Colombia, sino algunos más de América Latina en los que actualmente y en años anteriores se han presentado situaciones similares.

Colombia, es sin duda un país de riqueza, de colores y variedades, de tierra fértil y próspera. “En 1965, era difícil encontrar 500 violentos en todo el territorio nacional” (R. Ramsey, 1981), sólo fue que se diera la revolución cultural y la protesta social en Estados Unidos, para que empezara el movimiento hippie y con él, la utilización y el consumo de drogas ilegales. Sus consumidores, eran sin duda los más ricos ya que se encontraban en un país potencia que tenía –y tiene- el dólar como moneda y en donde “el PIB  se duplicó por la década de los 60’s” (J, Henderson.,  2011, p. 43).

A inicio de los años 60, los gringos llegaron a la Sierra Nevada de Santa Marta, en la costa Atlántica de Colombia, lugar de amplios territorios, además de fértiles, en el cual sus habitantes suministraban la droga a nivel Nacional y enterados del auge de esta, pensaron en el cultivo de cannabis, permitieron las plantaciones de marihuana y cocaína para ganar mejores ingresos; aquellos jóvenes altos y de cabello rubio pagaban a campesinos e indígenas con grandes fajos de dólares. Para la década de los 70, el preciado producto  se estaba enviando prósperamente con destino a Miami, Nueva Orleans y Houston (J, Henderson, 2011:43) y tiempo después el próspero negocio quedó a manos de los grupos al margen de la ley, del cual obtuvieron sustento y hoy en día es su fuente de ingresos junto con el lavado de dólares y las extorciones.

Paralelamente es necesario hablar de Guillermo Cano, quien empezó sus labores en El Espectador tan pronto como se graduó del Liceo Moderno, aprendió los principios básicos del oficio y fue tan bueno que tras varios años de práctica pasó a ocupar el cargo de  director del diario. Muchos colombianos, sin duda conocieron a este gran personaje por su inesperada muerte, a manos de aquellos que se taparon en dólares gracias a la droga; Cano fue blanco de narcotraficantes pues les siguió las pistas, destapó su verdad, estaba tras sus pasos. Los capos preferían trabajar sin que nadie estuviera ventilando sus verdaderas y acciones, para que tiempo después no fueran judicializados por crímenes a los que conllevan los malos negocios, aunque prósperos en sus manos; quien se entrometía en su camino podía en amplia probabilidad acabar sín vida: periodista que escribiera una chiva, periodista mandado a matar, civil que no contribuyera, se enfrentaba al fin de su vida.

En retroceso a lo mencionado, “en 1958, después de diez años de oposición, El Espectador utilizó el lema llerista de << Información, información, información: el país necesita información sobre todas las cosas. La prensa debería informas más >>. Por esto, el diario de los Cano, como desquitándose de los golpes de la dictadura, a partir de Junio empezó a sacar dos ediciones diarias con circulación nacional” (Vallejo et al., 2012:481)
Y después de las publicaciones, sus columnas y editoriales de Guillermo Cano, él y varios periodistas y políticos que se atrevían a comentar y opinar a viva voz fallecieron de la peor manera, hombres y mujeres que tenían derecho a expresar lo que pensaban, a hacer entender a la comunidad, que incitaban a abrir las mentes del pueblo con humor como Jaime Garzón y otros tantos que forman una amplia lista imposible de nombrar ahora, fueron perseguidos a lo amplio del territorio nacional como  fuera de él.

Vivimos entre tantos hechos impunes que deberían animarnos a unir la voz contra aquellos opresores de voz, contra quienes no distinguen la existencia de los derechos que ganamos con el mero hecho de vivir; si todos tenemos derechos a expresarnos, a hacernos sentir hasta el límite de lo que digamos no afecte los derechos del otro ¿por qué como seres humanos somos irrespetuosos e intolerantes?

Si esto no basta para una concientización y reacción propia cabe mencionar un hecho casi contemporáneo a lo sucedido en Colombia, un golpe de estado que se llevó contra el gobierno democrático de Estela Martínez de Perón entre 1973 y 1983 en Argentina, el último en este país. Allí, varios periodistas, docentes, obreros, estudiantes y profesionales fueron desaparecidos y secuestrados. El proceso de reorganización Nacional, como se le llamó a esta dictadura, “fue una de las épocas más sangrientas en donde los comandantes de las tres Fuerzas Militares tomaron el poder implementando un cambio social” (Ministerio de Educación de la Nación, 2010), dejando a un lado las guerrillas y los milicianos, donde se censuraba opinión y se retrasaba la educación tanto primaria como de bachilleres para evitar que los niños y jóvenes pudieran opinar en contra a la dictadura, en la cual literalmente estaba prohibido pensar y ser.

La noche de los lápices es quizá la fecha que más se recuerde en la historia de la dictadura, un 16 de septiembre de 1976; varios niños fueron secuestrados y desaparecidos, así como recién nacidos se arrebataron de los brazos de sus madres, aquellas madres y abuelas de la Plaza de Mayo que hasta el día de hoy han luchado año tras año en búsqueda de sus familiares, muchas fallecieron en el intento y las que aún sobreviven recuerdan la época con dolor y desesperanza.  “Cada nieto que aparece no solo es un nieto de la familia, es un nieto sobre el olvido y sobre la muerte, y es esencialmente una victoria del estado de derecho Argentino” dijo la actual presidenta Argentina, Cristina Fernández, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, 24 de Marzo, día en el que se conmemora en Argentina las muertes de civiles producidas esta dolorosa dictadura.

Con este hecho es de notar que no solo a los periodistas se les censura la libertad de expresión, todos estamos expuestos a hablar y que nos silencien de diferentes formas aunque la misma declaración de derechos del hombre y del Ciudadano en su Artículo 10 exprese: “Nadie debe ser molestado por sus opiniones, incluso religiosas en tanto que su manifestación no turbe el orden público establecido en la ley”. Nuestra especie ha llegado tan lejos que somos intolerantes al otro por mínimos hechos, somos intolerantes a la escucha y la atención, pues como toda relación humana está basada en el poder, lo subordinamos para tomar atrevimientos no correspondidos, como lo es la muerte de una persona a mano propia.

Más es triste saber que aquellos opresores de derechos y de vida, aun teniendo derechos propios no tiene ninguna clase de autoridad que impida gritar a viva voz las verdades que por años se callan y son sólo rumores, verdades, que sólo a la muerte de estas almas miserables y dominantes se pueden conocer encontrando la calma de una sociedad.
Después de dejar dos países en donde existe un estado democrático, pasemos a revisar cómo se vive la censura en un régimen comunista totalitario: Cuba. La situación de este país en donde las restricciones a los medios de comunicación por parte del “estado” son estrictas y conocidas por los medios, pretende que no se muestre la situación social de Cuba, una situación de opuestos en donde la población que es visitada por el turista –pues la mayor parte de los ingresos se obtiene del turismo- está muy bien acomodada  y la otra cara, donde el turista no llega, vive en malas condiciones y precarias, como si aún no se anduviera en el siglo XIX.

El medio siglo de dictadura marxista-leninista mantiene en la isla casi que un monopolio totalitario en los medios como la televisión, el servicio de internet, la radio, la prensa, y demás medios en auge. “Según cifras oficiales del gobierno, hoy en día hay 4 canales de televisión, 88 emisoras de radio, 723 publicaciones, 16 emisoras regionales de televisión y un canal internacional” (D. Loreti, 2005). ¿No es acaso cierto que “la libre comunicación de pensamiento y opinión es uno de los derechos más precisos del hombre”? (Declaración de DDHH, 1789).

Las medidas que ha tomado el gobierno de Cuba es encarcelar a quien exprese pacíficamente sus opiniones. “En el momento de redactar este informe, 54 presos de conciencia permanecen recluidos en poder de las autoridades cubanas por ejercer pacíficamente su derecho a la libertad de expresión” (Amnistía Internacional, 2010) Y quienes permanecen en estas cárceles expresan “no tengo como lo más importante mi posible liberación o la continuidad de mi condena, sino –y si esto es trascendental- el establecimiento de un marco total de respeto a los derechos inherentes a la libertad de la persona humana, para todos los cubanos”[1] (Morán, 2010)

En la Isla, el gobierno tiene total control sobre los medios y lo expresa en su constitución, dentro del artículo 53: “Se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la prensa socialista. Las condiciones materiales para su ejercicio están dadas por el hecho que la presa, la radio, la televisión y el cine son de propiedad estatal y no pueden ser objeto, en ningún caso de la propiedad privada…”

En este caso, el régimen cubano no está solo violando la libertad de expresión sino también la libertad de información, pues “la satisfacción del derecho de la información, es un acto de y deberá estar orientada al sujeto universal” (D. Loreti, 2005: 17). Un ejemplo de ello es que en el año 2009 el diario web de Juventud Rebelde hizo público un escrito que tres horas después fue eliminado del sitio, “el breve texto abordaba la cuestión de la censura en la prensa Cubana, y señalaba que ‘la información es un bien público, y no podemos sustituirla por la oportuna información permitida´” (D. Loreti, 2005).

Puede que los gobiernos manipulen a su pueblo como ya lo hemos visto, indirectamente callan nuestra opinión, “manejan una estrategia, como el póker, en donde las cartas no se ven, pero vamos llegando al ajedrez en donde las movidas se ven por todos” (A. Berna, 2011) gracias al desarrollo del internet y las redes sociales con las cuales podemos estar al tanto de las acciones de alcaldes, concejales, mandatarios y personajes públicos.
Las redes sociales nos abren campo a la información y a la libertad de expresión para que personas de todas las generaciones expresen conforme a su pensamiento teniendo en cuenta lo establecido por la ley. “La imagen de una red social comienza con la evocación de actores sociales que estén vinculados con otros de diversas maneras” (Gil, J & Schmidt, S. 2002. p 2)

Así como el año pasado los ciudadanos de Islandia  tomaron el poder de su país para entre ellos mismo redactar su constitución y estar de acuerdo con los derechos, deberes y garantías que el estado les debe garantizar, debemos unir la voz en América Latina, no solo Colombia, Cuba o Argentina, países de los cuales hablé, sino cada país en el que el derecho y las garantías de libertad de expresión han sido coartadas, para hacernos sentir y evitar que las situaciones políticas, sociales y la mentalidad de unos pocos nos dominen de nuevo.

Es hora que periodistas en labor y las nuevas generaciones que se preparan para serlo dejemos a un lado el miedo intimidatorio por que se ha pasado los últimos años para así hacer sentir nuestras voces y nuestras teclas al redactar. Si tenemos en cuenta que la verdadera opinión crítica y constructiva se basa en el conocimiento y un punto de vista claro en el tema, tendremos camino para la investigación, el enriquecimiento de temas y variedad que se hallan por doquier, para hablarle al mundo teniendo en cuenta siempre el primer principio de todo periodista: la verdad, y teniendo en cuenta que los medios escritos serán el único antídoto contra la indignidad y sirve de resguardo a la democracia con su capacidad de negociar los disensos y los consensos de opinión de manera analítica (Vallejo et al., 2012: 485).

Bibliografía

Amnistía Internacional (2010). Restricciones a la Libertad de Expresión en Cuba. España: Editorial Amnistía Internacional.
Bernal, L (conferencista) & Campus Party (editor). (2011). Innovación: Wikileaks,     libertad de expresión y ética Hacker. [Video] Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=lGrU8oSl0M&playnext=1&list=PL582A4630277A423D&feature=results_main. Recuperado el 13 de Septiembre del 2012.
Cardona, C & Correa, M. & Vallejo, M. (2012). Tinta Indeleble: Guillermo Cano vida y obra. Bogotá: Distribuidora y Editora Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A.
Casa Rosada, Argentina (editor). (2010). Día Nacional de la Memoria 2010. Discurso de la presidenta Cristina Fernández en ex EMSA. [video]. Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=FUDYCmHj5jM, recuperado el 13 de Septiembre del 2012



[1] Pedro Argüelles Morán, es un preso de conciencia, actualmente encarcelado en la prisión provincial de Canaleta, Ciego de Ávila.

lunes, 11 de agosto de 2014

Sueños rotos.



Soy de la generación de los sueños rotos. Incluso, antes de la década de los noventa en Colombia ya éramos conscientes que la paz era tan sólo una palabra con significado impreciso y más aún con un significado intangible. Quien fuera a pensar que tan sólo tres letras del alfabeto fuesen tan anheladas por un país, por sus habitantes, por sus gobernantes y hasta quizás por los mismos creadores de la guerra y el odio que tanto se ha infundido en estas tierras.

Quienes nacimos en la década de los noventa y que vamos por las primeras veinte primaveras, somos una generación que conoció de la extinta Unión Patriótica (UP) creada en el 85 como un intento de acuerdo de paz, que mientras crecimos tal vez escuchamos de los acuerdos que llevaron al final del grupo guerrillero del M-19, el EPL , de los intentos de acuerdo de paz con el ELN, con las FARC en el gobierno de Andrés Pastrana y que hoy estamos a la espera de un acuerdo de paz en el segundo periodo del gobierno Santos. 

Podría decir que somos una generación paciente, que le ha aguantado muchas a los gobiernos que han pasado por Colombia, que hemos sido tolerantes, que somos optimistas y que estamos dispuestos al perdón. Somos una generación que ha conocido la historia del conflicto armado en Colombia en voz de nuestros abuelos y de nuestros padres: la conocida historia de la guerra entre liberales y conservadores, de la guerra por el azul y el rojo, por la apertura ideológica o el tradicionalismo.

Digo que somos la generación de los sueños rotos porque ante nuestra mirada y paralelo a nuestro crecimiento como ciudadanos colombianos hemos visto fracasar a un país, pero no podría afirmar que es un país de sueños rotos porque la personalidad del típico colombiano demuestra berraquera y empuje ante las circunstancias por más difíciles que sean, un colombiano que está dispuesto a perdonar la muerte de sus seres queridos, el desarraigo cultural, el maltrato, el desplazamiento y las heridas del cuerpo y el alma que nos han marcado.

Personalmente, lo que no entiendo es cómo queriendo un acuerdo para la paz, que para unos cuantos es un intento fallido y para otros aún una esperanza y un anhelo, el lado oscuro de esta historia - no sólo las FARC sino también el ELN- siguen queriendo tomar en manos propias una revolución que no llega a ningún lado, pero que si llega  y nos conduce a la continua muerte de civiles, soldados, niños, mujeres, regiones, poblaciones y el entierro de la vida misma. A principio de año, el ELN aceptó haber sido el culpable de un atentado a la actual presidenta de la Unión Patriótica Aida Avella, en la zona rural de Tame.

Las fuerzas oscuras quieren acabar con lo inacabado, que es la esperanza por el bienestar de un estado que tanta paz necesita y que tanto puede dar al mundo en materia de producción. Para acercarnos a un acuerdo de paz será necesario dejar a un lado las ideas ortodoxas y darle paso a las ideas para mentes abiertas que permitan el acuerdo de un tratado para tres letras. 





domingo, 3 de agosto de 2014

¿Somos los colombianos antidemocráticos?


De acuerdo con el estudio de LAPOP-Barómetro de las Américas en 2011 sobre actitudes democráticas y antidemocráticas,  que ha realizado encuestas anuales del 2004 al 2011, se muestra que las cifras del apoyo a la democracia, al sistema democrático y satisfacción con el sistema no han variado significativamente de la primera encuesta realizada en el gobierno Uribe, a la última bajo el gobierno Santos. Así, el estudio asegura que no hay una influencia del gobierno sobre el nivel promedio de estos indicadores.
El estudio tuvo en cuenta factores individuales que inciden sobre las actitudes democráticas como el vínculo directo  entre el gobernante y el ciudadano, comprobando que el apego al ex presidente Uribe fue mayor en su segundo periodo presidencial con 7,4 en 2008, que en el gobierno Santos, con un apego de 3,4 en 2011. Así mismo, el apego a la figura del presidente tiene el índice más alto  de los países de las Américas con el 7,4.
Con respecto al apoyo de la democracia, los hombres, las personas de ideología de derecha, que aprueban al presidente, que tienen mayor nivel de educación y cuentan con mejor situación económica, además de quienes viven en la región central del país, apoyan en mayor medida la democracia, mientras que quienes apoyan al sistema democrático son aquellos que viven en cascos urbanos, los más educados, las personas mayores y las mujeres.
Por otro lado, las actitudes antidemocráticas de los colombianos medidas  a partir del 2008, han disminuido del 50.7 al 38.6 con respecto a las instituciones políticas, como también disminuyeron los índices de actitudes en contra de la oposición y las minorías políticas de un 50,7 a 37,6 en 2011. De igual modo, se tomaron en cuenta los índices en contra de la democracia liberal en los cuales se evidencia que los más educados y los de mayor edad son más respetuosos de los principios liberales, y que ni la ideología ni la afiliación política tienen un impacto sobre estas actitudes. Finalmente se comprobó que el apego a la figura del presidente aumenta las actitudes liberales.

jueves, 17 de octubre de 2013

Una joya del Teatro Colombiano: Teatro la Candelaria. Entrevista a Patricia Ariza



Teatro La Candelaria
El Teatro la Candelaria fue fundado en 1966 por un grupo de artistas entre ellos Patricia Ariza, Fernando Mendoza,  francisco Martínez y  Santiago García, grandes actores y representantes de nuestro país ante el mundo. La Candelaria es reconocido hoy en día por el serio trabajo que reflejan sus obras, por ser un teatro alternativo que no representa lo estatal, sino que ha creado en el transcurso de su historio obras que invitan a la reflexión, al pensamiento crítico y recordar  la historia.



¿Cuál ha sido el apoyo  del estado al teatro en Colombia, aparte de la colaboración del Festival Iberoamericano de Teatro?

Es festival Iberoamericano es un esfuerzo de tipo empresarial pero es un teatro de espectáculo , diferente al del teatro la Candelaria que no es  de lentejuelas, sino un teatro de pensarse el país, de reflexionar; uno puede tener mucha capacidad de asombro pero venir al teatro la Candelaria exige mucho más que capacidad de asombro, es dejarse hacer preguntas. En este sentido, hay más renuencia del estado al apoyar este tipo de teatro porque no les va a traer mucho público y reconocimiento internacional. Si no tienes un producto parecido a No seré feliz pero tengo marido o este tipo de obras, los medios no se sienten interesados, hay un sector de la cultura que es visto por encima del hombro.
 De hecho, la alcaldía local muy poco se interesa en este tesoro que tiene acá, no me refiero solo a nosotros sino a un montón de teatros históricos que están ubicados en la localidad. Hay virtudes que no son reconocidas; esta localidad solo la reconocen como histórica por las casas coloniales, los monumentos pero no la reconocen tanto como artística, aquí hay muchos teatros independientes. Esta es la primera sala de teatro independiente  de Colombia que se fundó, otras fueron fundadas pero no permanecieron.

Aparte del teatro alternativo, ¿qué otros elementos dan identidad a este teatro que lo diferencia de los teatros de este esta localidad?

Lo que da la identidad es la capacidad de mirarse al espejo. Tenemos varios principios, uno de ellos es que el arte que no es crítico no es arte. Más que mirara los problemas del ser humano es mirar al ser humano que habita el país. Este teatro va siempre a la humanidad, a los problemas, a los dolores, la vergüenza, el narcotráfico, no desde un punto mafioso, esto no es los Tres Caínes, sino la idea es mostrar que  este pueblo pretende presentarse como muy fuerte por medio de las armas pero con una debilidad en el fondo. Uno no puede hacer un teatro global sin tener en cuenta lo local.

¿En qué ayuda el teatro a cambiar los problemas socioculturales de nuestro país desde su perspectiva?

El teatro y el arte pueden ayudar mucho porque van hacia el interior de las personas, hacia la cultura, los sentimientos y les transforman la realidad, hay teatro muy  comercial que es el que los medios de comunicación promueven pero el teatro de arte que va al corazón y transforma es este.

¿Qué fortaleza tiene el teatro la Candelaria que no haya en el teatro de otros países?

El teatro en otros países es parte de la vida cotidiana de la gente, por ejemplo, Buenos Aires tiene 500 salas independientes de teatro donde la gente tiene  la capacidad de crear sin estar rogándole al estado que le ayude, sino que el estado asume que el teatro es un espacio democrático donde los países pueden demostrar su identidad. Esa independencia en es el teatro es muy importante, no hay nada más triste para un artista que  depender de la ayuda del estado. Yo diría que en otros países, en Europa, en Broodway, en Londres, hay un mayor movimiento teatral, sin embargo el teatro de la Candelaria se ha logrado posicionar muy fuerte en américa latina en especial por el trabajo de producción colectiva y el trabajo en dramaturgia del Maestro Santiago García.

¿Qué público visita con mayor afluencia el teatro? Y con base en esta pregunta ¿se ha estado perdiendo el gusto de los jóvenes por las obras?
 
El público que ha venido acá es muy asiduo, un público de venir aquí muy seguido y traer a la familia. Esta temporada que tuvimos hubo mucha afluencia de público joven lo que indica que las nuevas generaciones están ávidas de pensarse el país  y con las redes sociales hay un deseo por tener una opinión, que es justamente lo que  el teatro estimula en los jóvenes. La juventud y el público en general que visita la Candelaria busca ser parte de la construcción de la opinión pública y no ser una masa de personas que va a un teatro a morirse de la risa

¿Están interesados los extranjeros en teatro que se hace en la Candelaria?
Claro que sí, la tradición teatrera de Latinoamérica ha tenido un sentido de comunidad grandísimo. Para la gente ser de un teatro de otro país y venir acá es  un sentido de fraternidad muy fuerte es especial con este tipo de teatro que es un teatro alternativo. Nosotros frecuentemente recibimos mensajes de teatreros de argentina que saben quién es Santiago García, han comprado sus textos. El teatro alternativo que  nosotros realizamos  ha servido para la construcción de teatros en américa latina, en Europa, entonces, cuando se hace el festival de teatro alternativo, llegan grupos de Finlandia, Holanda, Latinoamérica y china.

El dato. La casa en donde actualmente funciona el teatro La Candelaria fue comprada por un grupo de actores a la familia Cano por 300 mil pesos. Empezó con 30 sillas y actualmente tiene capacidad para 211 personas.



miércoles, 16 de octubre de 2013

En el lugar de los muertos se construye su recuerdo

El ejercicio de la memoria histórica colectiva en Colombia es un proceso de pensamiento abstracto, de recordación o a veces hasta de olvido mismo. A partir del año 2008, el consejo distrital empezó el levantamiento de una estructura planeada en el gobierno de Luis Eduardo Garzón, un lugar físico en el Eje de Memoria ubicado en la calle 26, para que todos los ciudadanos y visitantes extranjeros puedan recordar  y conocer visualmente la realidad que nuestro país enfrentó en la época de la Violencia: la guerra de partidos, la muerte a políticos, los grupos armados, el desplazamiento forzado a campesinos e indígenas y de una forma muy sentida, hacer homenaje a las víctimas de este largo conflicto del cual Colombia aún no se ha recuperado.
Un alto edificio de tierra pisada es la construcción que hace honor a las víctimas de la violencia. En este hay dos mil doce tubos que contienen tierra de diferentes partes del país que la ciudadanía ha aportado para recordar a sus muertos. Las paredes del lugar simbolizan los más de 4.000 registros que se tienen en archivo de personas víctimas del conflicto armado, de asesinatos y desapariciones.
El centro de Memoria, Paz y Reconciliación es un lugar, indudablemente para recordar a los fallecidos, no sólo porque las salas de exposición son una construcción subterránea y a pocos metros del cementerio Central como queriendo unirse a los cuerpos enterrados en tumbas y bóvedas, sino porque en cada rincón reina un silencio infinito, el silencio de las voces y de las luchas que los fusiles callaron. Si bien se dice que un pueblo sin historia es un pueblo sin memoria, María del Mar Pizarro, hija del asesinado Carlos Pizarro, líder de lo que era la Alianza Democrática M-19, ha realizado un trabajo investigativo junto con el equipo de acción comunicativa y social del centro para recopilar fotos, documentos, videos, periódicos y libros que datan de los finales de los años 60’s, así como objetos característicos de la familia campesinas colombianas en dicha época.
La sala de exposición del centro de memoria se divide en cinco secciones: una sala de video, un salón que está recreado como una cafetería con rockolas, mesas, sillas y pinturas de la gran Devora Arango; otra más que es la representación de una casa con espejos, sofás, comedor y fotografías de diversos personajes tanto políticos como campesinos del común. Las siguientes tres salas están destinadas a exponer algunos testimonios de víctimas, historias de vida y sueños rotos, fotos de desplazados, una gran jaula  que recuerda los sufrimientos del secuestro y además, una sala que desalienta mostrando los varios procesos de paz que han fracaso pero que mantienen la esperanza en el actual proceso que se realiza en La Habana.

Un libro titulado “La violencia en Colombia: Radiografía emblemática de una época tristemente célebre”, escrito por  Monseñor German Guzmán, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña luma, mantiene cerrado sobre una de las mesas de la segunda sala. Al abrirlo, las desgarradoras imágenes de las últimas páginas conmocionan a quien las detalla. Quizá porque como habitantes de las ciudades no se ha visto la violencia que azotaba las periferias del país. “Estamos cansados de ver violencia” es lo que dicen algunos visitantes que acuden al centro de memoria, pero a pesar de estar cansados de verla, se pensaría que la sociedad está más cansada de escuchar la información con la que los medios bombardean día a día, porque ver violencia es su sentido más literal implica haber visto el corte de cortaba, mujeres sin senos, cuerpos desmembrados sin cabeza, y sangre fluyendo como ríos a borbotones.


Este, es el fin de ejercitar la memoria, es el fin del Centro de Memoria que busca mostrar sin tapujos la dolorosa verdad que el país ha enfrentado, recuperando las voces y las luchas de quienes han callado a la fuerza, haciendo visible lo que el gobierno nacional ha buscado ocultar, cavar y olvidar como si fuese una historia ajena.
Ahora, no cabe decir que nuestra memoria colectiva entorno al periodo de la Violencia es un proceso abstracto, porque es posible verla forma en la que  los violentos se ensañaron con indígenas, con campesinos humildes y trabajadores, con personajes que sólo buscaban el bien del pueblo y la paz misma. Y si bien, también es cierto que recordar es vivir, en este caso debemos vivir recordando esa historia de nuestro país que no se enseñaba en los colegios, pero que debemos entender, conocer y reflexionar tomando una posición crítica.
Si este fuese un país serio, no habría necesidad de seguir discutiendo una reforma agraria de la que se ha hablado hace 79 años cuando  López Pumarejo presentó un proyecto de restitución de tierras  y que tiempo después se convirtió en un saneamiento de títulos a colonos. Si a los grupos revolucionarios se les hubiera permitido participar en política, tal vez, nuestros muertos de guerra no hubieran sido 218.000, nuestros pueblos no hubieran presenciado  1.982 masacres, ni la suma total de víctimas seria 5’600.000 personas[1].  
Como lo menciona la reciente publicación del Centro de Memoria Histórica, Basta ya, “Colombia apenas comienza a esclarecer las dimensiones de su propia tragedia”; los ciudadanos apenas empiezan a despertar de ese sueño no querido llamado violencia, llamado desaparición forzosa, llamado filas subversivas compuestas por niños y niñas campesinos que han sido reclutados por guerrillas, llamado migración interna. En fin, llamado guerra.
La indiferencia se toma a las personas. Los indígenas embera víctimas del desplazamiento forzado venden collares y manillas, lo único que pueden hacer en esta ciudad de ladrillos que tanto los estigmatiza. Muchos los ven sentados al lado del Museo del oro como si fueran simples diseños de la pared, como un ente desconocido, como una cotidianidad que no debería estar ahí. Las comunidades afro son rechazadas por ser una raza fuerte, por su color, su acento. Pocos se meten la mano al bolsillo para darle a un campesino desplazado un billete para alimentar a su familia y a muchos, les deja de importar el motivo por el cual todos ellos están en las ciudades: el desplazamiento forzado.
Dado que el Centro de Memoria no tiene recursos para destinar a los desplazados y las víctimas, su única misión de funcionamiento es abrir los ojos de la sociedad indiferente y desconocedora de las consecuencias del conflicto armado en Colombia, además de recordar a todos los que han dejado de estar en este mundo. Así, es función del estado prestar ayuda a todos aquellos en condición de desplazamiento y victimización, como lo dice la Ley 387 de 1997, pero queda un cierto sin sabor de su ayuda al saber que hay millones de personas a las cuales no se les reconocen sus derechos y que por desconocimiento tampoco los exigen.
El terreno de la construcción bajo tierra, que recuerda el origen del conflicto y hace honor al lugar donde los cuerpos descansan por la eternidad, se complementa con el techo: una cama de agua reposada y piedras, que recuerdan otros cuerpos más que no han tenido dónde reposar, que se han perdido en las aguas de los ríos o quebradas y que han sido desaparecidos pero no olvidados.






[1] Cifras tomadas de: GMH. ¡basta ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Bogotá: Imprenta Nacional, 2013.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Memoria del Conflicto Armado en Colombia



“Desde las entrañas mismas del estado
 se larva la conspiración de la impunidad”
Myrna Mack

El fenómeno del paramilitarismo en Colombia surgió con gran fuerza durante la década de los 80´s, con el único fin de frenar las acciones de la guerrilla con “el carácter de milicias ciudadanas legalmente constituidas y aprovisionadas en parte por los militares”[1], pero con el transcurso del tiempo, buscó también acabar todos aquellos movimientos de izquierda.
El origen de los grupos contraguerrilla se dio en la región del Magdalena, Antioquia y Córdoba, principales centros de acción insurgente. Trataremos únicamente de retomar el contexto antioqueño, basándonos en la lectura del libro Lo que la justicia no quiso ver frente al Paramilitarismo publicado por el Instituto Popular de Capacitación (IPC) y la Corporación Jurídica Libertad.

El tema a abordar en el siguiente ensayo trata de explicar el fenómeno y sus consecuencias en la sociedad colombiana, además de realizar un análisis en las diferentes acciones que llevaron a la impunidad, teniendo en cuenta, que este concepto hace referencia, a “una serie de prácticas institucionales tendientes al no castigo judicial tanto de criminalidad burocrática como la criminalidad contrainsurgente”[2]; además de las amenazas y posteriores asesinatos de los investigadores, que adelantaban los procesos contra los paramilitares.

La pregunta central que tratará de responder este escrito, es la siguiente ¿qué hechos incidieron de forma directa e indirecta en la falta de control de los organismos estatales llevando así al crecimiento de la impunidad? De esta forma abordaremos las razones que dilataron las investigaciones y el enjuiciamiento de los militantes paramilitares y los miembros del ejército que tuvieron gran responsabilidad en las muertes de civiles y de funcionarios de entidades como la Fiscalía General de la Nación y la Procuraduría de la Nación.

Por otra parte, debemos generar una crítica a las instituciones gubernamentales que no fueron neutras en su trabajo y también, a la debilidad del estado en cumplir las expectativas de seguridad que tanto esperaban los civiles colombianos durante el auge guerrillero.

   “Autodefiéndase, porque al ejército le queda imposible entregarle un soldado a cada colombiano para que lo respalde”[3]

La presión que ejercía la guerrilla de las FARC sobre los campesinos antioqueños llevó a varios de ellos a alzarse en armas por su propia defensa. Es el caso de Ramón Isaza, un campesino que rechazó las órdenes de la guerrilla y decidió acudir a una base militar para encontrar protección, pero los militares en vez de brindársela, le entregaron varios fusiles y le afirmaron lo siguiente: “Autodefiéndase porque al ejército le queda imposible entregarle un soldado a cada colombiano para que lo respalde”. Así, posiblemente, se inició uno de los varios ejércitos paramilitares, que ante la incapacidad de defensa que debía brindar el estado por medio de las fuerzas armadas, se hicieron líderes en la defensa de justicia por su propia mano.

El ejército y la policía nacional se aliaron con los integrantes paramilitares para de esta forma lograr una mayor efectividad en el control antiguerrilla. Sin duda, esta alianza se convertiría hasta el día de hoy en un mal necesario. Algunos hombres que hacían parte de los paramilitares eran soldados y ex oficiales en retiro del ejército nacional, otros tanto eran activos e indiferentes frente a las  masacres que la gente denunciaba.

Incluso, lo reconocen varios habitantes del sector sur de Antioquia, quienes dicen  desconfiar en las instituciones gubernamentales pues se han vuelto tan notorias estas acciones delictivas; también, “la gente afirma categóricamente que los paramilitares, la Policía, el Ejército y la Fiscalía son lo mismo”.[4]

Igualmente, el sacerdote jesuita Javier Giraldo relata: “Resulta que un finquero fue a la Fiscalía a denunciar que los paramilitares se le habían metido a sus predios. Justo cuando estaba en el despacho del fiscal Leal Rivera, reconoció a un funcionario que trabajaba para ese despacho como uno de los paramilitares que se le había metido a su finca. Se trataba del investigador Ivo Jaime Díaz Salazar. A raíz de ello, no quiso poner la denuncia”[5].

Con esto, el miedo se apoderaba de las personas al saber que aquellos quienes los atacaban e invadían sus propiedades eran los mismos que procuraban el cumplimiento de la ley y las normas. ¿Por qué estaría involucrada la fiscalía con los paramilitares, si ésta es la encargada de investigar y procesar los delitos?

  Dilatación de procesos en organismos de control

Como primera medida, hay dos factores que inciden directamente en el auge de la impunidad en los procesos contra los paramilitares. El primer factor es que varios de los funcionarios públicos del CTI que realizaban las investigaciones en masacres y ataques cometidos, además de los fiscales conocedores de las actividades delictivas en contra de la población antioqueña, eran amenazados de muerte, asesinados cuando se dirigían a realizar las investigaciones correspondientes en los municipios, exiliados, desaparecidos y torturados.

La mayoría de estos funcionarios adelantaban procesos en su contra, y con el fin de archivar los casos en donde se les imputaban cargos, el ejército les avisaba la posición donde se encontraban y el lugar a donde se dirigían para que fueran interceptados en camino y no alcanzaran a concluir ninguno de los casos que tenían en sus manos. Además, no hubo ningún recurso de apoyo y protección para los jueces y fiscales que estaban siendo perseguidos ni para sus familiares, convirtiéndolos en blancos vulnerables a las acciones criminales de las fuerzas irregulares contrainsurgentes”[6]

El otro factor determinante fue que algunos fiscales, siendo entes reguladores de la sociedad civil, hicieron acuerdos ilegales con miembros paramilitares y beneficiar las condenas de los insurgentes, es decir, demorar los procesos para no concluir las condenas, desaparecer las pruebas; en muchos de los casos, se desconocieron los testimonios que hubieran permitido realizar una investigación más profunda y sólida, y se dieron ilegalmente una rebaja en las penas con favorecimiento para el implicado por parte de ciertos fiscales.

Un caso conocido en el que un fiscal realizó acuerdos con los paramilitares es el de Arturo Velázquez Gallo, fiscal delegado de los jueces regionales, quien les pasaba documentos que certificaban delitos de narcotráfico, terrorismo, paramilitarismo y rebelión para que ellos los “trabajaran”[7]. Además, los paramilitares con ayuda de los funcionarios adquirían copias de expedientes de los procesos que se estaban adelantando en su contra para saber el nombre del fiscal que llevaba el caso y así “eliminarlo”, para no comparecer ante la justicia.
La dilatación de algunos procesos, sobre todo de aquellos que involucran a grupos paramilitares y agentes del Estado fue tan evidente en Antioquia que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA expresó su preocupación:

“Los organismos del Estado encargados de la investigación, el procesamiento y la decisión en torno a casos que entrañan violaciones de los derechos humanos a veces carecen también de la voluntad política para combatir las violaciones. La Comisión ha recibido información que indica, por ejemplo, que algunos fiscales simplemente no procesan los casos de presuntas violaciones de los derechos humanos”[8]

  Impunidad a victimarios

Otras causas de la impunidad frente al paramilitarismo han sido la incompetencia de la Fiscalía a favor de la justicia penal militar, pues varios de los militares activos en esta entidad estuvieron involucrados en masacres como la de Ituango y la de El Aro en 1997. Además, es excesiva la discreción  que tuvo la dirección Nacional de Fiscalías en la asignación de los casos y de esta forma afectar la Misión Nacional de Derechos Humanos, siendo esta una entidad que vela por la protección y el cumplimiento de los derechos fundamentales.

Además, cabe mencionar la debilidad del programa a víctimas, pues las personas que eran afectadas por el paramilitarismo y acudían a denunciar el caso, no tenían la debida protección para que no fuera atacado de nuevo. Así, la impunidad se convirtió en una fortaleza para que el paramilitarismo continuara en auge, en expansión por diversas zonas del país y cada vez más arraigados a la estructura del estado. La impunidad se llevó a cabo a través de la no sanción a los culpables de las masacres en las comunidades y las muertes o desapariciones de funcionarios de la Fiscalía e investigadores del CTI, archivando los casos o incluso, muchos ni siquiera fueron enviados para su revisión.

Desde el núcleo de las organizaciones paramilitares, se cayó en la impunidad pues aquellas personas que secuestraban, torturaban y desaparecían, quedaban sin identificar y era imposible realizar la investigación debida ya que no se tenían datos ni referencias de  identificación de dichas personas. Por esto, muchas muertes han quedado en la impunidad, sin hallar presuntos responsables.

Otro aspecto a mencionar es la responsabilidad de la Procuraduría frente a las condenas y destituciones de funcionarios, pues los mecanismos de control, es decir la vigilancia de los jueces y los fiscales no se llevó con mano dura, sino que fue muy superficial el control realizado para sancionar los actos cometidos en relación a las fuerzas contraguerrilla.

 Conclusiones

Si bien es cierto que los miembros paramilitares tenían estrechas relaciones con funcionarios estatales y que por esta “amistad” se beneficiaron al no obtener condenas por sus crímenes, también es cierto, que si esta estrecha relación no se hubiera dado, los organismos de control serían débiles en su interior, quizá porque los funcionarios sentían miedo de ser atacados y preferirían dejar los procesos sin concluir.

Respondiendo a la pregunta central del presente ensayo, podemos concluir que los factores directos que incidieron en el auge de la impunidad durante el paramilitarismo, han sido la innegable relación y colaboración que obtuvieron los grupos contraguerrilla por parte de las fuerzas armadas y  miembros de la policía, además de la ayuda que le proporcionaban ciertos funcionarios públicos para dilatar los procesos. Otra forma directa fue la desaparición de fiscales que llevaban sus casos, para evitar las largas condenas que el estado les asignaba por los delitos de  tortura, homicidio agravado, secuestro extorsivo o agravado, delitos de terrorismo, concierto para delinquir, fabricación y tráfico de municiones o explosivos, desplazamiento de la población, desaparición forzosa y creación de grupos ilegales.

 De manera indirecta, podemos afirmar que la justicia presentó gran debilidad frente al surgimiento de las guerrillas permitiendo que los civiles hayan creado grupos alternos que les garantizaran la defensa y la seguridad, por medio de las armas. Con esto, es posible ver la flexibilidad que tuvieron instituciones como la Fiscalía General de la Nación, la Procuraduría, El Cuerpo técnico de Investigación y las Fuerzas Militares para dar respuesta a los fenómenos del paramilitarismo.

Aunque la ofensiva se haya ensañado contra la guerrilla, el paramilitarismo luchó indirectamente con ella, sin tener un contacto frentero, sino que realizaban asesinatos selectivos de militantes y presuntos simpatizantes guerrilleros o de izquierda; esta lucha indirecta, es lo que se conoce como la “Guerra Sucia”.

Finalmente, solo nos queda dejar en consideración cuál el papel del Estado frente a la guerra y cómo se debe defender para evitar filtraciones en su estructura. Recordar el fenómeno del paramilitarismo, es no dar paso al olvido en la memoria colectiva de un país que por combatir el mal, creó otro mal aun peor que los civiles consideraban necesario, como lo dijimos anteriormente.

Es aquí donde nos preguntamos, ¿Por qué la venganza contra la guerrilla también involucró a personas inocentes, a familias enteras que sin saber si realmente eran simpatizantes de la izquierda, fueron asesinados, torturados y desaparecidos? Tal vez porque se buscaba el bien común, justificando cualquier acto atroz para satisfacer la paz, el bienestar y el respeto de aquellos que algún día se negaron a tener vínculos con la guerrilla y evitar que la soberanía del Estado fuera afectada.


BIBIOGRAFÍA

Instituto Popular de Capacitación (IPC), Corporación Jurídica Libertad, Lo que la justicia no quiso ver frente la paramilitarismo. Medellín, Colombia, 2010.
Henderson, James. Víctima de la Globalización. La historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en Colombia. Cap. 5: La ofensiva Paramilitar. Siglo del Hombre Editores, 2012.










[1] Henderson, James. Víctima de la globalización. La historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en Colombia. 229. Siglo del Hombre Editores.

[2] Instituto Popular de Capacitación (IPC), Corporación Jurídica Libertad, Lo que la justicia no quiso ver frente la paramilitarismo. pg 12. Medellín, Colombia, 2010,.

[3] Semana, 6 de Febrero de 2006, 46; Semana 30 de Abril de 2007, 51. Citado en Víctima de la Globalización. La historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en Colombia. pg 235.

[4] Fiscalía General de la Nación, Cuerpo Técnico de Investigaciones, Medellín, Informe N° 022, de enero 18 de 1998. Citado en Lo que la justicia no quiso ver frente al paramilitarismo, pg. 50.
[5] Entrevista N° 4, sacerdote Javier Giraldo, diciembre de 2008. Citado en Lo que la justicia no quiso ver frente al Paramilitarismo, pg 39.

[6] Instituto Popular de Capacitación (IPC), Corporación Jurídica Libertad, Lo que la justicia no quiso ver frente la paramilitarismo. Medellín, Colombia, 2010. Pg 233.

[7] Instituto Popular de Capacitación (IPC), Corporación Jurídica Libertad, Lo que la justicia no quiso ver frente la paramilitarismo. Medellín, Colombia, 2010. Pg 224.

[8] Proceso radicado N° 18522, cuaderno N° 3. Citado en Lo que la justicia no quiso ver frente al paramilitarismo. Pg 47.