jueves, 5 de septiembre de 2013

Memoria del Conflicto Armado en Colombia



“Desde las entrañas mismas del estado
 se larva la conspiración de la impunidad”
Myrna Mack

El fenómeno del paramilitarismo en Colombia surgió con gran fuerza durante la década de los 80´s, con el único fin de frenar las acciones de la guerrilla con “el carácter de milicias ciudadanas legalmente constituidas y aprovisionadas en parte por los militares”[1], pero con el transcurso del tiempo, buscó también acabar todos aquellos movimientos de izquierda.
El origen de los grupos contraguerrilla se dio en la región del Magdalena, Antioquia y Córdoba, principales centros de acción insurgente. Trataremos únicamente de retomar el contexto antioqueño, basándonos en la lectura del libro Lo que la justicia no quiso ver frente al Paramilitarismo publicado por el Instituto Popular de Capacitación (IPC) y la Corporación Jurídica Libertad.

El tema a abordar en el siguiente ensayo trata de explicar el fenómeno y sus consecuencias en la sociedad colombiana, además de realizar un análisis en las diferentes acciones que llevaron a la impunidad, teniendo en cuenta, que este concepto hace referencia, a “una serie de prácticas institucionales tendientes al no castigo judicial tanto de criminalidad burocrática como la criminalidad contrainsurgente”[2]; además de las amenazas y posteriores asesinatos de los investigadores, que adelantaban los procesos contra los paramilitares.

La pregunta central que tratará de responder este escrito, es la siguiente ¿qué hechos incidieron de forma directa e indirecta en la falta de control de los organismos estatales llevando así al crecimiento de la impunidad? De esta forma abordaremos las razones que dilataron las investigaciones y el enjuiciamiento de los militantes paramilitares y los miembros del ejército que tuvieron gran responsabilidad en las muertes de civiles y de funcionarios de entidades como la Fiscalía General de la Nación y la Procuraduría de la Nación.

Por otra parte, debemos generar una crítica a las instituciones gubernamentales que no fueron neutras en su trabajo y también, a la debilidad del estado en cumplir las expectativas de seguridad que tanto esperaban los civiles colombianos durante el auge guerrillero.

   “Autodefiéndase, porque al ejército le queda imposible entregarle un soldado a cada colombiano para que lo respalde”[3]

La presión que ejercía la guerrilla de las FARC sobre los campesinos antioqueños llevó a varios de ellos a alzarse en armas por su propia defensa. Es el caso de Ramón Isaza, un campesino que rechazó las órdenes de la guerrilla y decidió acudir a una base militar para encontrar protección, pero los militares en vez de brindársela, le entregaron varios fusiles y le afirmaron lo siguiente: “Autodefiéndase porque al ejército le queda imposible entregarle un soldado a cada colombiano para que lo respalde”. Así, posiblemente, se inició uno de los varios ejércitos paramilitares, que ante la incapacidad de defensa que debía brindar el estado por medio de las fuerzas armadas, se hicieron líderes en la defensa de justicia por su propia mano.

El ejército y la policía nacional se aliaron con los integrantes paramilitares para de esta forma lograr una mayor efectividad en el control antiguerrilla. Sin duda, esta alianza se convertiría hasta el día de hoy en un mal necesario. Algunos hombres que hacían parte de los paramilitares eran soldados y ex oficiales en retiro del ejército nacional, otros tanto eran activos e indiferentes frente a las  masacres que la gente denunciaba.

Incluso, lo reconocen varios habitantes del sector sur de Antioquia, quienes dicen  desconfiar en las instituciones gubernamentales pues se han vuelto tan notorias estas acciones delictivas; también, “la gente afirma categóricamente que los paramilitares, la Policía, el Ejército y la Fiscalía son lo mismo”.[4]

Igualmente, el sacerdote jesuita Javier Giraldo relata: “Resulta que un finquero fue a la Fiscalía a denunciar que los paramilitares se le habían metido a sus predios. Justo cuando estaba en el despacho del fiscal Leal Rivera, reconoció a un funcionario que trabajaba para ese despacho como uno de los paramilitares que se le había metido a su finca. Se trataba del investigador Ivo Jaime Díaz Salazar. A raíz de ello, no quiso poner la denuncia”[5].

Con esto, el miedo se apoderaba de las personas al saber que aquellos quienes los atacaban e invadían sus propiedades eran los mismos que procuraban el cumplimiento de la ley y las normas. ¿Por qué estaría involucrada la fiscalía con los paramilitares, si ésta es la encargada de investigar y procesar los delitos?

  Dilatación de procesos en organismos de control

Como primera medida, hay dos factores que inciden directamente en el auge de la impunidad en los procesos contra los paramilitares. El primer factor es que varios de los funcionarios públicos del CTI que realizaban las investigaciones en masacres y ataques cometidos, además de los fiscales conocedores de las actividades delictivas en contra de la población antioqueña, eran amenazados de muerte, asesinados cuando se dirigían a realizar las investigaciones correspondientes en los municipios, exiliados, desaparecidos y torturados.

La mayoría de estos funcionarios adelantaban procesos en su contra, y con el fin de archivar los casos en donde se les imputaban cargos, el ejército les avisaba la posición donde se encontraban y el lugar a donde se dirigían para que fueran interceptados en camino y no alcanzaran a concluir ninguno de los casos que tenían en sus manos. Además, no hubo ningún recurso de apoyo y protección para los jueces y fiscales que estaban siendo perseguidos ni para sus familiares, convirtiéndolos en blancos vulnerables a las acciones criminales de las fuerzas irregulares contrainsurgentes”[6]

El otro factor determinante fue que algunos fiscales, siendo entes reguladores de la sociedad civil, hicieron acuerdos ilegales con miembros paramilitares y beneficiar las condenas de los insurgentes, es decir, demorar los procesos para no concluir las condenas, desaparecer las pruebas; en muchos de los casos, se desconocieron los testimonios que hubieran permitido realizar una investigación más profunda y sólida, y se dieron ilegalmente una rebaja en las penas con favorecimiento para el implicado por parte de ciertos fiscales.

Un caso conocido en el que un fiscal realizó acuerdos con los paramilitares es el de Arturo Velázquez Gallo, fiscal delegado de los jueces regionales, quien les pasaba documentos que certificaban delitos de narcotráfico, terrorismo, paramilitarismo y rebelión para que ellos los “trabajaran”[7]. Además, los paramilitares con ayuda de los funcionarios adquirían copias de expedientes de los procesos que se estaban adelantando en su contra para saber el nombre del fiscal que llevaba el caso y así “eliminarlo”, para no comparecer ante la justicia.
La dilatación de algunos procesos, sobre todo de aquellos que involucran a grupos paramilitares y agentes del Estado fue tan evidente en Antioquia que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA expresó su preocupación:

“Los organismos del Estado encargados de la investigación, el procesamiento y la decisión en torno a casos que entrañan violaciones de los derechos humanos a veces carecen también de la voluntad política para combatir las violaciones. La Comisión ha recibido información que indica, por ejemplo, que algunos fiscales simplemente no procesan los casos de presuntas violaciones de los derechos humanos”[8]

  Impunidad a victimarios

Otras causas de la impunidad frente al paramilitarismo han sido la incompetencia de la Fiscalía a favor de la justicia penal militar, pues varios de los militares activos en esta entidad estuvieron involucrados en masacres como la de Ituango y la de El Aro en 1997. Además, es excesiva la discreción  que tuvo la dirección Nacional de Fiscalías en la asignación de los casos y de esta forma afectar la Misión Nacional de Derechos Humanos, siendo esta una entidad que vela por la protección y el cumplimiento de los derechos fundamentales.

Además, cabe mencionar la debilidad del programa a víctimas, pues las personas que eran afectadas por el paramilitarismo y acudían a denunciar el caso, no tenían la debida protección para que no fuera atacado de nuevo. Así, la impunidad se convirtió en una fortaleza para que el paramilitarismo continuara en auge, en expansión por diversas zonas del país y cada vez más arraigados a la estructura del estado. La impunidad se llevó a cabo a través de la no sanción a los culpables de las masacres en las comunidades y las muertes o desapariciones de funcionarios de la Fiscalía e investigadores del CTI, archivando los casos o incluso, muchos ni siquiera fueron enviados para su revisión.

Desde el núcleo de las organizaciones paramilitares, se cayó en la impunidad pues aquellas personas que secuestraban, torturaban y desaparecían, quedaban sin identificar y era imposible realizar la investigación debida ya que no se tenían datos ni referencias de  identificación de dichas personas. Por esto, muchas muertes han quedado en la impunidad, sin hallar presuntos responsables.

Otro aspecto a mencionar es la responsabilidad de la Procuraduría frente a las condenas y destituciones de funcionarios, pues los mecanismos de control, es decir la vigilancia de los jueces y los fiscales no se llevó con mano dura, sino que fue muy superficial el control realizado para sancionar los actos cometidos en relación a las fuerzas contraguerrilla.

 Conclusiones

Si bien es cierto que los miembros paramilitares tenían estrechas relaciones con funcionarios estatales y que por esta “amistad” se beneficiaron al no obtener condenas por sus crímenes, también es cierto, que si esta estrecha relación no se hubiera dado, los organismos de control serían débiles en su interior, quizá porque los funcionarios sentían miedo de ser atacados y preferirían dejar los procesos sin concluir.

Respondiendo a la pregunta central del presente ensayo, podemos concluir que los factores directos que incidieron en el auge de la impunidad durante el paramilitarismo, han sido la innegable relación y colaboración que obtuvieron los grupos contraguerrilla por parte de las fuerzas armadas y  miembros de la policía, además de la ayuda que le proporcionaban ciertos funcionarios públicos para dilatar los procesos. Otra forma directa fue la desaparición de fiscales que llevaban sus casos, para evitar las largas condenas que el estado les asignaba por los delitos de  tortura, homicidio agravado, secuestro extorsivo o agravado, delitos de terrorismo, concierto para delinquir, fabricación y tráfico de municiones o explosivos, desplazamiento de la población, desaparición forzosa y creación de grupos ilegales.

 De manera indirecta, podemos afirmar que la justicia presentó gran debilidad frente al surgimiento de las guerrillas permitiendo que los civiles hayan creado grupos alternos que les garantizaran la defensa y la seguridad, por medio de las armas. Con esto, es posible ver la flexibilidad que tuvieron instituciones como la Fiscalía General de la Nación, la Procuraduría, El Cuerpo técnico de Investigación y las Fuerzas Militares para dar respuesta a los fenómenos del paramilitarismo.

Aunque la ofensiva se haya ensañado contra la guerrilla, el paramilitarismo luchó indirectamente con ella, sin tener un contacto frentero, sino que realizaban asesinatos selectivos de militantes y presuntos simpatizantes guerrilleros o de izquierda; esta lucha indirecta, es lo que se conoce como la “Guerra Sucia”.

Finalmente, solo nos queda dejar en consideración cuál el papel del Estado frente a la guerra y cómo se debe defender para evitar filtraciones en su estructura. Recordar el fenómeno del paramilitarismo, es no dar paso al olvido en la memoria colectiva de un país que por combatir el mal, creó otro mal aun peor que los civiles consideraban necesario, como lo dijimos anteriormente.

Es aquí donde nos preguntamos, ¿Por qué la venganza contra la guerrilla también involucró a personas inocentes, a familias enteras que sin saber si realmente eran simpatizantes de la izquierda, fueron asesinados, torturados y desaparecidos? Tal vez porque se buscaba el bien común, justificando cualquier acto atroz para satisfacer la paz, el bienestar y el respeto de aquellos que algún día se negaron a tener vínculos con la guerrilla y evitar que la soberanía del Estado fuera afectada.


BIBIOGRAFÍA

Instituto Popular de Capacitación (IPC), Corporación Jurídica Libertad, Lo que la justicia no quiso ver frente la paramilitarismo. Medellín, Colombia, 2010.
Henderson, James. Víctima de la Globalización. La historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en Colombia. Cap. 5: La ofensiva Paramilitar. Siglo del Hombre Editores, 2012.










[1] Henderson, James. Víctima de la globalización. La historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en Colombia. 229. Siglo del Hombre Editores.

[2] Instituto Popular de Capacitación (IPC), Corporación Jurídica Libertad, Lo que la justicia no quiso ver frente la paramilitarismo. pg 12. Medellín, Colombia, 2010,.

[3] Semana, 6 de Febrero de 2006, 46; Semana 30 de Abril de 2007, 51. Citado en Víctima de la Globalización. La historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en Colombia. pg 235.

[4] Fiscalía General de la Nación, Cuerpo Técnico de Investigaciones, Medellín, Informe N° 022, de enero 18 de 1998. Citado en Lo que la justicia no quiso ver frente al paramilitarismo, pg. 50.
[5] Entrevista N° 4, sacerdote Javier Giraldo, diciembre de 2008. Citado en Lo que la justicia no quiso ver frente al Paramilitarismo, pg 39.

[6] Instituto Popular de Capacitación (IPC), Corporación Jurídica Libertad, Lo que la justicia no quiso ver frente la paramilitarismo. Medellín, Colombia, 2010. Pg 233.

[7] Instituto Popular de Capacitación (IPC), Corporación Jurídica Libertad, Lo que la justicia no quiso ver frente la paramilitarismo. Medellín, Colombia, 2010. Pg 224.

[8] Proceso radicado N° 18522, cuaderno N° 3. Citado en Lo que la justicia no quiso ver frente al paramilitarismo. Pg 47.