miércoles, 28 de octubre de 2015

Comunicación digital y sociedad.


C
on el paso de los años el ser humano ha evolucionado física y mentalmente adaptándose al entorno que el mismo construye y transforma para su beneficio. Pasar de la premodernidad a la postmodernidad es habernos quitado una venda de los ojos para entender el mundo desde la ciencia, la filosofía, las ciencias humanas: las cuales aceptan en su totalidad ideas fundamentadas en la argumentación respaldando la verdad descubierta y con la que es posible construir todo aquello que necesitamos,  de la mano del desarrollo tecnológico  por el cual se da  un salto a la nueva era.

 Somos seres postmodernos, dependientes de la información, la publicidad, el ocio y entretenimiento  que se emite por los nuevos medios como internet y a través de él, las redes sociales y páginas web atestadas de noticias, cifras, audios y videos; somos fieles de la televisión y la radio que nos llenan la mente de ideas, opiniones y que conforme a ellas, emitimos nuestros propios juicios y acciones a favor o en contra. Aunque como lo afirma Castels “hemos llegado a una oscura era electrónica, en la que las nuevas hordas paganas, con todo el poder de la tecnología a sus órdenes, están a punto de arrasar las últimas fortalezas de la humanidad civilizada” (Castels, 2005: 15)

La labor diaria de periodistas, reporteros, comunicadores, editores, columnistas, redactores, directores de prensa y profesiones afines que se desenvuelven en el amplio campo de las comunicaciones es hacer uso de la era electrónica para revelar información y saber comunicar, pero también haciendo uso en el periodismo tradicional de libreta y bolígrafo.
Ya que la comunicación y el trabajo dentro de los medios que son un “campo transdisciplinar que se apoya en las ciencias humanas y sociales” (Ferrer,1997, p.31), debe haber completa libertad de prensa, de publicación en opiniones y noticias para todos aquellos que trabajen en el campo, pues los hechos deben siempre estar respaldados en la verdad y la variedad de fuentes, tal como lo afirmaba Guillermo Cano, periodista colombiano.

Hoy en día la libertad de prensa se evidencia un poco más espontanea en nuestra sociedad por el mismo auge de las tecnologías, donde nadie calla lo que piensa y tiene libertad de escribir lo que quiera con relación a hechos de actualidad, partidos de futbol, noticias, temas controvertidos. Los columnistas de importantes diarios son queridos por sus lectores cuando redactan y publican críticas fuertes que abran los ojos de la sociedad en temas de política o economía. Pero, digamos que hoy en día por los comentarios que se emiten en los medios en cuanto a opinión no hay censura de muerte como hace unos cuantos años lo vivieron en carne propia periodistas, o por lo menos en una medida menor teniendo en cuenta la época.

Ahora bien, ¿por qué razón silenciaron la voz  de Cano hace 25 años si su única labor fue hablar claro e informar a nuestra sociedad colombiana y al mundo los hechos con la verdad y la entrega propia de un periodista? O más bien, ¿es respetada la opinión de un periodista? ¿Qué hechos han sido necesarios para llegar a la censura y la coerción de libertad de periodistas y comunicadores?

Pues bien, para empezar a explicar el porqué de tan ilógicos hechos es necesario hacer un recuento histórico y contextual que nos lleve a entender cómo se dieron las circunstancias teniendo en cuenta que abarcaré no sólo nuestro país, Colombia, sino algunos más de América Latina en los que actualmente y en años anteriores se han presentado situaciones similares.

Colombia, es sin duda un país de riqueza, de colores y variedades, de tierra fértil y próspera. “En 1965, era difícil encontrar 500 violentos en todo el territorio nacional” (R. Ramsey, 1981), sólo fue que se diera la revolución cultural y la protesta social en Estados Unidos, para que empezara el movimiento hippie y con él, la utilización y el consumo de drogas ilegales. Sus consumidores, eran sin duda los más ricos ya que se encontraban en un país potencia que tenía –y tiene- el dólar como moneda y en donde “el PIB  se duplicó por la década de los 60’s” (J, Henderson.,  2011, p. 43).

A inicio de los años 60, los gringos llegaron a la Sierra Nevada de Santa Marta, en la costa Atlántica de Colombia, lugar de amplios territorios, además de fértiles, en el cual sus habitantes suministraban la droga a nivel Nacional y enterados del auge de esta, pensaron en el cultivo de cannabis, permitieron las plantaciones de marihuana y cocaína para ganar mejores ingresos; aquellos jóvenes altos y de cabello rubio pagaban a campesinos e indígenas con grandes fajos de dólares. Para la década de los 70, el preciado producto  se estaba enviando prósperamente con destino a Miami, Nueva Orleans y Houston (J, Henderson, 2011:43) y tiempo después el próspero negocio quedó a manos de los grupos al margen de la ley, del cual obtuvieron sustento y hoy en día es su fuente de ingresos junto con el lavado de dólares y las extorciones.

Paralelamente es necesario hablar de Guillermo Cano, quien empezó sus labores en El Espectador tan pronto como se graduó del Liceo Moderno, aprendió los principios básicos del oficio y fue tan bueno que tras varios años de práctica pasó a ocupar el cargo de  director del diario. Muchos colombianos, sin duda conocieron a este gran personaje por su inesperada muerte, a manos de aquellos que se taparon en dólares gracias a la droga; Cano fue blanco de narcotraficantes pues les siguió las pistas, destapó su verdad, estaba tras sus pasos. Los capos preferían trabajar sin que nadie estuviera ventilando sus verdaderas y acciones, para que tiempo después no fueran judicializados por crímenes a los que conllevan los malos negocios, aunque prósperos en sus manos; quien se entrometía en su camino podía en amplia probabilidad acabar sín vida: periodista que escribiera una chiva, periodista mandado a matar, civil que no contribuyera, se enfrentaba al fin de su vida.

En retroceso a lo mencionado, “en 1958, después de diez años de oposición, El Espectador utilizó el lema llerista de << Información, información, información: el país necesita información sobre todas las cosas. La prensa debería informas más >>. Por esto, el diario de los Cano, como desquitándose de los golpes de la dictadura, a partir de Junio empezó a sacar dos ediciones diarias con circulación nacional” (Vallejo et al., 2012:481)
Y después de las publicaciones, sus columnas y editoriales de Guillermo Cano, él y varios periodistas y políticos que se atrevían a comentar y opinar a viva voz fallecieron de la peor manera, hombres y mujeres que tenían derecho a expresar lo que pensaban, a hacer entender a la comunidad, que incitaban a abrir las mentes del pueblo con humor como Jaime Garzón y otros tantos que forman una amplia lista imposible de nombrar ahora, fueron perseguidos a lo amplio del territorio nacional como  fuera de él.

Vivimos entre tantos hechos impunes que deberían animarnos a unir la voz contra aquellos opresores de voz, contra quienes no distinguen la existencia de los derechos que ganamos con el mero hecho de vivir; si todos tenemos derechos a expresarnos, a hacernos sentir hasta el límite de lo que digamos no afecte los derechos del otro ¿por qué como seres humanos somos irrespetuosos e intolerantes?

Si esto no basta para una concientización y reacción propia cabe mencionar un hecho casi contemporáneo a lo sucedido en Colombia, un golpe de estado que se llevó contra el gobierno democrático de Estela Martínez de Perón entre 1973 y 1983 en Argentina, el último en este país. Allí, varios periodistas, docentes, obreros, estudiantes y profesionales fueron desaparecidos y secuestrados. El proceso de reorganización Nacional, como se le llamó a esta dictadura, “fue una de las épocas más sangrientas en donde los comandantes de las tres Fuerzas Militares tomaron el poder implementando un cambio social” (Ministerio de Educación de la Nación, 2010), dejando a un lado las guerrillas y los milicianos, donde se censuraba opinión y se retrasaba la educación tanto primaria como de bachilleres para evitar que los niños y jóvenes pudieran opinar en contra a la dictadura, en la cual literalmente estaba prohibido pensar y ser.

La noche de los lápices es quizá la fecha que más se recuerde en la historia de la dictadura, un 16 de septiembre de 1976; varios niños fueron secuestrados y desaparecidos, así como recién nacidos se arrebataron de los brazos de sus madres, aquellas madres y abuelas de la Plaza de Mayo que hasta el día de hoy han luchado año tras año en búsqueda de sus familiares, muchas fallecieron en el intento y las que aún sobreviven recuerdan la época con dolor y desesperanza.  “Cada nieto que aparece no solo es un nieto de la familia, es un nieto sobre el olvido y sobre la muerte, y es esencialmente una victoria del estado de derecho Argentino” dijo la actual presidenta Argentina, Cristina Fernández, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, 24 de Marzo, día en el que se conmemora en Argentina las muertes de civiles producidas esta dolorosa dictadura.

Con este hecho es de notar que no solo a los periodistas se les censura la libertad de expresión, todos estamos expuestos a hablar y que nos silencien de diferentes formas aunque la misma declaración de derechos del hombre y del Ciudadano en su Artículo 10 exprese: “Nadie debe ser molestado por sus opiniones, incluso religiosas en tanto que su manifestación no turbe el orden público establecido en la ley”. Nuestra especie ha llegado tan lejos que somos intolerantes al otro por mínimos hechos, somos intolerantes a la escucha y la atención, pues como toda relación humana está basada en el poder, lo subordinamos para tomar atrevimientos no correspondidos, como lo es la muerte de una persona a mano propia.

Más es triste saber que aquellos opresores de derechos y de vida, aun teniendo derechos propios no tiene ninguna clase de autoridad que impida gritar a viva voz las verdades que por años se callan y son sólo rumores, verdades, que sólo a la muerte de estas almas miserables y dominantes se pueden conocer encontrando la calma de una sociedad.
Después de dejar dos países en donde existe un estado democrático, pasemos a revisar cómo se vive la censura en un régimen comunista totalitario: Cuba. La situación de este país en donde las restricciones a los medios de comunicación por parte del “estado” son estrictas y conocidas por los medios, pretende que no se muestre la situación social de Cuba, una situación de opuestos en donde la población que es visitada por el turista –pues la mayor parte de los ingresos se obtiene del turismo- está muy bien acomodada  y la otra cara, donde el turista no llega, vive en malas condiciones y precarias, como si aún no se anduviera en el siglo XIX.

El medio siglo de dictadura marxista-leninista mantiene en la isla casi que un monopolio totalitario en los medios como la televisión, el servicio de internet, la radio, la prensa, y demás medios en auge. “Según cifras oficiales del gobierno, hoy en día hay 4 canales de televisión, 88 emisoras de radio, 723 publicaciones, 16 emisoras regionales de televisión y un canal internacional” (D. Loreti, 2005). ¿No es acaso cierto que “la libre comunicación de pensamiento y opinión es uno de los derechos más precisos del hombre”? (Declaración de DDHH, 1789).

Las medidas que ha tomado el gobierno de Cuba es encarcelar a quien exprese pacíficamente sus opiniones. “En el momento de redactar este informe, 54 presos de conciencia permanecen recluidos en poder de las autoridades cubanas por ejercer pacíficamente su derecho a la libertad de expresión” (Amnistía Internacional, 2010) Y quienes permanecen en estas cárceles expresan “no tengo como lo más importante mi posible liberación o la continuidad de mi condena, sino –y si esto es trascendental- el establecimiento de un marco total de respeto a los derechos inherentes a la libertad de la persona humana, para todos los cubanos”[1] (Morán, 2010)

En la Isla, el gobierno tiene total control sobre los medios y lo expresa en su constitución, dentro del artículo 53: “Se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la prensa socialista. Las condiciones materiales para su ejercicio están dadas por el hecho que la presa, la radio, la televisión y el cine son de propiedad estatal y no pueden ser objeto, en ningún caso de la propiedad privada…”

En este caso, el régimen cubano no está solo violando la libertad de expresión sino también la libertad de información, pues “la satisfacción del derecho de la información, es un acto de y deberá estar orientada al sujeto universal” (D. Loreti, 2005: 17). Un ejemplo de ello es que en el año 2009 el diario web de Juventud Rebelde hizo público un escrito que tres horas después fue eliminado del sitio, “el breve texto abordaba la cuestión de la censura en la prensa Cubana, y señalaba que ‘la información es un bien público, y no podemos sustituirla por la oportuna información permitida´” (D. Loreti, 2005).

Puede que los gobiernos manipulen a su pueblo como ya lo hemos visto, indirectamente callan nuestra opinión, “manejan una estrategia, como el póker, en donde las cartas no se ven, pero vamos llegando al ajedrez en donde las movidas se ven por todos” (A. Berna, 2011) gracias al desarrollo del internet y las redes sociales con las cuales podemos estar al tanto de las acciones de alcaldes, concejales, mandatarios y personajes públicos.
Las redes sociales nos abren campo a la información y a la libertad de expresión para que personas de todas las generaciones expresen conforme a su pensamiento teniendo en cuenta lo establecido por la ley. “La imagen de una red social comienza con la evocación de actores sociales que estén vinculados con otros de diversas maneras” (Gil, J & Schmidt, S. 2002. p 2)

Así como el año pasado los ciudadanos de Islandia  tomaron el poder de su país para entre ellos mismo redactar su constitución y estar de acuerdo con los derechos, deberes y garantías que el estado les debe garantizar, debemos unir la voz en América Latina, no solo Colombia, Cuba o Argentina, países de los cuales hablé, sino cada país en el que el derecho y las garantías de libertad de expresión han sido coartadas, para hacernos sentir y evitar que las situaciones políticas, sociales y la mentalidad de unos pocos nos dominen de nuevo.

Es hora que periodistas en labor y las nuevas generaciones que se preparan para serlo dejemos a un lado el miedo intimidatorio por que se ha pasado los últimos años para así hacer sentir nuestras voces y nuestras teclas al redactar. Si tenemos en cuenta que la verdadera opinión crítica y constructiva se basa en el conocimiento y un punto de vista claro en el tema, tendremos camino para la investigación, el enriquecimiento de temas y variedad que se hallan por doquier, para hablarle al mundo teniendo en cuenta siempre el primer principio de todo periodista: la verdad, y teniendo en cuenta que los medios escritos serán el único antídoto contra la indignidad y sirve de resguardo a la democracia con su capacidad de negociar los disensos y los consensos de opinión de manera analítica (Vallejo et al., 2012: 485).

Bibliografía

Amnistía Internacional (2010). Restricciones a la Libertad de Expresión en Cuba. España: Editorial Amnistía Internacional.
Bernal, L (conferencista) & Campus Party (editor). (2011). Innovación: Wikileaks,     libertad de expresión y ética Hacker. [Video] Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=lGrU8oSl0M&playnext=1&list=PL582A4630277A423D&feature=results_main. Recuperado el 13 de Septiembre del 2012.
Cardona, C & Correa, M. & Vallejo, M. (2012). Tinta Indeleble: Guillermo Cano vida y obra. Bogotá: Distribuidora y Editora Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A.
Casa Rosada, Argentina (editor). (2010). Día Nacional de la Memoria 2010. Discurso de la presidenta Cristina Fernández en ex EMSA. [video]. Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=FUDYCmHj5jM, recuperado el 13 de Septiembre del 2012



[1] Pedro Argüelles Morán, es un preso de conciencia, actualmente encarcelado en la prisión provincial de Canaleta, Ciego de Ávila.