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el paso de los años el ser humano ha evolucionado física y mentalmente
adaptándose al entorno que el mismo construye y transforma para su beneficio. Pasar
de la premodernidad a la postmodernidad es habernos quitado una venda de los
ojos para entender el mundo desde la ciencia, la filosofía, las ciencias
humanas: las cuales aceptan en su totalidad ideas fundamentadas en la
argumentación respaldando la verdad descubierta y con la que es posible
construir todo aquello que necesitamos,
de la mano del desarrollo tecnológico por el cual se da un salto a la nueva era.
Somos
seres postmodernos, dependientes de la información, la publicidad, el ocio y
entretenimiento que se emite por los
nuevos medios como internet y a través de él, las redes sociales y páginas web
atestadas de noticias, cifras, audios y videos; somos fieles de la televisión y
la radio que nos llenan la mente de ideas, opiniones y que conforme a ellas,
emitimos nuestros propios juicios y acciones a favor o en contra. Aunque como
lo afirma Castels “hemos llegado a una oscura era electrónica, en la que las
nuevas hordas paganas, con todo el poder de la tecnología a sus órdenes, están a
punto de arrasar las últimas fortalezas de la humanidad civilizada” (Castels, 2005:
15)
La
labor diaria de periodistas, reporteros, comunicadores, editores, columnistas,
redactores, directores de prensa y profesiones afines que se desenvuelven en el
amplio campo de las comunicaciones es hacer uso de la era electrónica para
revelar información y saber comunicar, pero también haciendo uso en el
periodismo tradicional de libreta y bolígrafo.
Ya
que la comunicación y el trabajo dentro de los medios que son un “campo
transdisciplinar que se apoya en las ciencias humanas y sociales” (Ferrer,1997,
p.31), debe haber completa libertad de prensa, de publicación en opiniones y
noticias para todos aquellos que trabajen en el campo, pues los hechos deben
siempre estar respaldados en la verdad y la variedad de fuentes, tal como lo
afirmaba Guillermo Cano, periodista colombiano.
Hoy
en día la libertad de prensa se evidencia un poco más espontanea en nuestra
sociedad por el mismo auge de las tecnologías, donde nadie calla lo que piensa
y tiene libertad de escribir lo que quiera con relación a hechos de actualidad,
partidos de futbol, noticias, temas controvertidos. Los columnistas de
importantes diarios son queridos por sus lectores cuando redactan y publican
críticas fuertes que abran los ojos de la sociedad en temas de política o
economía. Pero, digamos que hoy en día por los comentarios que se emiten en los
medios en cuanto a opinión no hay censura de muerte como hace unos cuantos años
lo vivieron en carne propia periodistas, o por lo menos en una medida menor
teniendo en cuenta la época.
Ahora
bien, ¿por qué razón silenciaron la voz de Cano hace 25 años si su única labor fue
hablar claro e informar a nuestra sociedad colombiana y al mundo los hechos con
la verdad y la entrega propia de un periodista? O más bien, ¿es respetada la
opinión de un periodista? ¿Qué hechos han sido necesarios para llegar a la
censura y la coerción de libertad de periodistas y comunicadores?
Pues
bien, para empezar a explicar el porqué de tan ilógicos hechos es necesario
hacer un recuento histórico y contextual que nos lleve a entender cómo se
dieron las circunstancias teniendo en cuenta que abarcaré no sólo nuestro país,
Colombia, sino algunos más de América Latina en los que actualmente y en años
anteriores se han presentado situaciones similares.
Colombia,
es sin duda un país de riqueza, de colores y variedades, de tierra fértil y
próspera. “En 1965, era difícil encontrar 500 violentos en todo el territorio
nacional” (R. Ramsey, 1981), sólo fue que se diera la revolución cultural y la
protesta social en Estados Unidos, para que empezara el movimiento hippie y con
él, la utilización y el consumo de drogas ilegales. Sus consumidores, eran sin
duda los más ricos ya que se encontraban en un país potencia que tenía –y
tiene- el dólar como moneda y en donde “el PIB
se duplicó por la década de los 60’s” (J, Henderson., 2011, p. 43).
A
inicio de los años 60, los gringos llegaron
a la Sierra Nevada de Santa Marta, en la costa Atlántica de Colombia, lugar de
amplios territorios, además de fértiles, en el cual sus habitantes
suministraban la droga a nivel Nacional y enterados del auge de esta, pensaron
en el cultivo de cannabis,
permitieron las plantaciones de marihuana y cocaína para ganar mejores ingresos;
aquellos jóvenes altos y de cabello rubio pagaban a campesinos e indígenas con
grandes fajos de dólares. Para la década de los 70, el preciado producto se estaba enviando prósperamente con destino a
Miami, Nueva Orleans y Houston (J, Henderson, 2011:43) y tiempo después el
próspero negocio quedó a manos de los grupos al margen de la ley, del cual
obtuvieron sustento y hoy en día es su fuente de ingresos junto con el lavado
de dólares y las extorciones.
Paralelamente
es necesario hablar de Guillermo Cano, quien empezó sus labores en El Espectador tan pronto como se graduó
del Liceo Moderno, aprendió los principios básicos del oficio y fue tan bueno
que tras varios años de práctica pasó a ocupar el cargo de director del diario. Muchos colombianos, sin
duda conocieron a este gran personaje por su inesperada muerte, a manos de
aquellos que se taparon en dólares gracias a la droga; Cano fue blanco de narcotraficantes
pues les siguió las pistas, destapó su verdad, estaba tras sus pasos. Los capos
preferían trabajar sin que nadie estuviera ventilando sus verdaderas y acciones,
para que tiempo después no fueran judicializados por crímenes a los que
conllevan los malos negocios, aunque prósperos en sus manos; quien se
entrometía en su camino podía en amplia probabilidad acabar sín vida:
periodista que escribiera una chiva, periodista
mandado a matar, civil que no contribuyera, se enfrentaba al fin de su vida.
En
retroceso a lo mencionado, “en 1958, después de diez años de oposición, El Espectador utilizó el lema llerista
de << Información, información,
información: el país necesita información sobre todas las cosas. La prensa
debería informas más >>. Por
esto, el diario de los Cano, como desquitándose de los golpes de la dictadura,
a partir de Junio empezó a sacar dos ediciones diarias con circulación
nacional” (Vallejo et al., 2012:481)
Y
después de las publicaciones, sus columnas y editoriales de Guillermo Cano, él
y varios periodistas y políticos que se atrevían a comentar y opinar a viva voz
fallecieron de la peor manera, hombres y mujeres que tenían derecho a expresar
lo que pensaban, a hacer entender a la comunidad, que incitaban a abrir las
mentes del pueblo con humor como Jaime Garzón y otros tantos que forman una
amplia lista imposible de nombrar ahora, fueron perseguidos a lo amplio del
territorio nacional como fuera de él.
Vivimos
entre tantos hechos impunes que deberían animarnos a unir la voz contra aquellos
opresores de voz, contra quienes no distinguen la existencia de los derechos
que ganamos con el mero hecho de vivir; si todos tenemos derechos a
expresarnos, a hacernos sentir hasta el límite de lo que digamos no afecte los
derechos del otro ¿por qué como seres humanos somos irrespetuosos e
intolerantes?
Si
esto no basta para una concientización y reacción propia cabe mencionar un
hecho casi contemporáneo a lo sucedido en Colombia, un golpe de estado que se
llevó contra el gobierno democrático de Estela Martínez de Perón entre 1973 y
1983 en Argentina, el último en este país. Allí, varios periodistas, docentes,
obreros, estudiantes y profesionales fueron desaparecidos y secuestrados. El
proceso de reorganización Nacional, como se le llamó a esta dictadura, “fue una
de las épocas más sangrientas en donde los comandantes de las tres Fuerzas
Militares tomaron el poder implementando un cambio social” (Ministerio de
Educación de la Nación, 2010), dejando a un lado las guerrillas y los
milicianos, donde se censuraba opinión y se retrasaba la educación tanto
primaria como de bachilleres para evitar que los niños y jóvenes pudieran opinar
en contra a la dictadura, en la cual literalmente estaba prohibido pensar y
ser.
La
noche de los lápices es quizá la fecha que más se recuerde en la historia de la
dictadura, un 16 de septiembre de 1976; varios niños fueron secuestrados y
desaparecidos, así como recién nacidos se arrebataron de los brazos de sus
madres, aquellas madres y abuelas de la
Plaza de Mayo que hasta el día de hoy han luchado año tras año en búsqueda
de sus familiares, muchas fallecieron en el intento y las que aún sobreviven
recuerdan la época con dolor y desesperanza. “Cada
nieto que aparece no solo es un nieto de la familia, es un nieto sobre el
olvido y sobre la muerte, y es esencialmente una victoria del estado de derecho
Argentino” dijo la actual presidenta Argentina, Cristina Fernández, en el Día
Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, 24 de Marzo, día en el que
se conmemora en Argentina las muertes de civiles producidas esta dolorosa
dictadura.
Con este hecho es de notar
que no solo a los periodistas se les censura la libertad de expresión, todos
estamos expuestos a hablar y que nos silencien de diferentes formas aunque la
misma declaración de derechos del hombre y del Ciudadano en su Artículo 10
exprese: “Nadie debe ser molestado por sus opiniones, incluso religiosas en
tanto que su manifestación no turbe el orden público establecido en la ley”. Nuestra
especie ha llegado tan lejos que somos intolerantes al otro por mínimos hechos,
somos intolerantes a la escucha y la atención, pues como toda relación humana
está basada en el poder, lo subordinamos para tomar atrevimientos no
correspondidos, como lo es la muerte de una persona a mano propia.
Más es triste saber que
aquellos opresores de derechos y de vida, aun teniendo derechos propios no
tiene ninguna clase de autoridad que impida gritar a viva voz las verdades que
por años se callan y son sólo rumores, verdades, que sólo a la muerte de estas
almas miserables y dominantes se pueden conocer encontrando la calma de una
sociedad.
Después de dejar dos países
en donde existe un estado democrático, pasemos a revisar cómo se vive la
censura en un régimen comunista totalitario: Cuba. La situación de este país en
donde las restricciones a los medios de comunicación por parte del “estado” son
estrictas y conocidas por los medios, pretende que no se muestre la situación
social de Cuba, una situación de opuestos en donde la población que es visitada
por el turista –pues la mayor parte de los ingresos se obtiene del turismo-
está muy bien acomodada y la otra cara, donde
el turista no llega, vive en malas condiciones y precarias, como si aún no se
anduviera en el siglo XIX.
El medio siglo de dictadura marxista-leninista mantiene en la
isla casi que un monopolio totalitario en los medios como la televisión, el
servicio de internet, la radio, la prensa, y demás medios en auge. “Según
cifras oficiales del gobierno, hoy en día hay 4 canales de televisión, 88
emisoras de radio, 723 publicaciones, 16 emisoras regionales de televisión y un
canal internacional” (D. Loreti, 2005). ¿No es acaso cierto que “la
libre comunicación de pensamiento y opinión es uno de los derechos más precisos
del hombre”? (Declaración de DDHH, 1789).
Las medidas que ha tomado el
gobierno de Cuba es encarcelar a quien exprese pacíficamente sus opiniones. “En
el momento de redactar este informe, 54 presos de conciencia permanecen recluidos
en poder de las autoridades cubanas por ejercer pacíficamente su derecho a la
libertad de expresión” (Amnistía Internacional, 2010) Y quienes permanecen en
estas cárceles expresan “no tengo como lo más importante mi posible liberación o la continuidad de
mi condena, sino –y si esto es trascendental- el establecimiento de un marco
total de respeto a los derechos inherentes a la libertad de la persona humana,
para todos los cubanos”[1] (Morán,
2010)
En
la Isla, el gobierno tiene total control sobre los medios y lo expresa en su
constitución, dentro del artículo 53: “Se reconoce a los ciudadanos libertad de
palabra y prensa conforme a los fines de la prensa socialista. Las condiciones
materiales para su ejercicio están dadas por el hecho que la presa, la radio,
la televisión y el cine son de propiedad estatal y no pueden ser objeto, en
ningún caso de la propiedad privada…”
En
este caso, el régimen cubano no está solo violando la libertad de expresión
sino también la libertad de información, pues “la satisfacción del derecho de
la información, es un acto de y deberá estar orientada al sujeto universal” (D.
Loreti, 2005: 17). Un ejemplo de ello es que en el año 2009 el diario web de Juventud Rebelde hizo público un escrito
que tres horas después fue eliminado del sitio, “el breve texto abordaba la
cuestión de la censura en la prensa Cubana, y señalaba que ‘la información es
un bien público, y no podemos sustituirla por la oportuna información permitida´”
(D. Loreti, 2005).
Puede que los gobiernos
manipulen a su pueblo como ya lo hemos visto, indirectamente callan nuestra
opinión, “manejan una estrategia, como el póker, en donde las cartas no se ven,
pero vamos llegando al ajedrez en donde las movidas se ven por todos” (A. Berna,
2011) gracias al desarrollo del internet y las redes sociales con las cuales
podemos estar al tanto de las acciones de alcaldes, concejales, mandatarios y
personajes públicos.
Las redes sociales nos abren
campo a la información y a la libertad de expresión para que personas de todas
las generaciones expresen conforme a su pensamiento teniendo en cuenta lo
establecido por la ley. “La imagen de una red social comienza con la evocación
de actores sociales que estén vinculados con otros de diversas maneras” (Gil, J
& Schmidt, S. 2002. p 2)
Así como el año pasado los
ciudadanos de Islandia tomaron el poder
de su país para entre ellos mismo redactar su constitución y estar de acuerdo
con los derechos, deberes y garantías que el estado les debe garantizar,
debemos unir la voz en América Latina, no solo Colombia, Cuba o Argentina,
países de los cuales hablé, sino cada país en el que el derecho y las garantías
de libertad de expresión han sido coartadas, para hacernos sentir y evitar que
las situaciones políticas, sociales y la mentalidad de unos pocos nos dominen
de nuevo.
Es hora que periodistas en
labor y las nuevas generaciones que se preparan para serlo dejemos a un lado el
miedo intimidatorio por que se ha pasado los últimos años para así hacer sentir
nuestras voces y nuestras teclas al redactar. Si tenemos en cuenta que la
verdadera opinión crítica y constructiva se basa en el conocimiento y un punto
de vista claro en el tema, tendremos camino para la investigación, el
enriquecimiento de temas y variedad que se hallan por doquier, para hablarle al
mundo teniendo en cuenta siempre el primer principio de todo periodista: la
verdad, y teniendo en cuenta que los medios escritos serán el único antídoto
contra la indignidad y sirve de resguardo a la democracia con su capacidad de
negociar los disensos y los consensos de opinión de manera analítica (Vallejo
et al., 2012: 485).
Bibliografía
Amnistía Internacional (2010). Restricciones a la Libertad de Expresión en
Cuba. España: Editorial Amnistía Internacional.
Bernal,
L (conferencista) & Campus Party (editor). (2011). Innovación:
Wikileaks, libertad de expresión y
ética Hacker. [Video] Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=lGrU8oSl0M&playnext=1&list=PL582A4630277A423D&feature=results_main.
Recuperado el 13 de Septiembre del 2012.
Cardona, C
& Correa, M. & Vallejo, M. (2012). Tinta Indeleble: Guillermo Cano vida y obra.
Bogotá: Distribuidora y Editora Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A.
Casa
Rosada, Argentina (editor). (2010). Día
Nacional de la Memoria 2010. Discurso de la presidenta Cristina Fernández en ex
EMSA. [video]. Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=FUDYCmHj5jM,
recuperado el 13 de Septiembre del 2012
[1] Pedro Argüelles Morán, es un preso de conciencia, actualmente
encarcelado en la prisión provincial de Canaleta, Ciego de Ávila.
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