lunes, 11 de agosto de 2014

Sueños rotos.



Soy de la generación de los sueños rotos. Incluso, antes de la década de los noventa en Colombia ya éramos conscientes que la paz era tan sólo una palabra con significado impreciso y más aún con un significado intangible. Quien fuera a pensar que tan sólo tres letras del alfabeto fuesen tan anheladas por un país, por sus habitantes, por sus gobernantes y hasta quizás por los mismos creadores de la guerra y el odio que tanto se ha infundido en estas tierras.

Quienes nacimos en la década de los noventa y que vamos por las primeras veinte primaveras, somos una generación que conoció de la extinta Unión Patriótica (UP) creada en el 85 como un intento de acuerdo de paz, que mientras crecimos tal vez escuchamos de los acuerdos que llevaron al final del grupo guerrillero del M-19, el EPL , de los intentos de acuerdo de paz con el ELN, con las FARC en el gobierno de Andrés Pastrana y que hoy estamos a la espera de un acuerdo de paz en el segundo periodo del gobierno Santos. 

Podría decir que somos una generación paciente, que le ha aguantado muchas a los gobiernos que han pasado por Colombia, que hemos sido tolerantes, que somos optimistas y que estamos dispuestos al perdón. Somos una generación que ha conocido la historia del conflicto armado en Colombia en voz de nuestros abuelos y de nuestros padres: la conocida historia de la guerra entre liberales y conservadores, de la guerra por el azul y el rojo, por la apertura ideológica o el tradicionalismo.

Digo que somos la generación de los sueños rotos porque ante nuestra mirada y paralelo a nuestro crecimiento como ciudadanos colombianos hemos visto fracasar a un país, pero no podría afirmar que es un país de sueños rotos porque la personalidad del típico colombiano demuestra berraquera y empuje ante las circunstancias por más difíciles que sean, un colombiano que está dispuesto a perdonar la muerte de sus seres queridos, el desarraigo cultural, el maltrato, el desplazamiento y las heridas del cuerpo y el alma que nos han marcado.

Personalmente, lo que no entiendo es cómo queriendo un acuerdo para la paz, que para unos cuantos es un intento fallido y para otros aún una esperanza y un anhelo, el lado oscuro de esta historia - no sólo las FARC sino también el ELN- siguen queriendo tomar en manos propias una revolución que no llega a ningún lado, pero que si llega  y nos conduce a la continua muerte de civiles, soldados, niños, mujeres, regiones, poblaciones y el entierro de la vida misma. A principio de año, el ELN aceptó haber sido el culpable de un atentado a la actual presidenta de la Unión Patriótica Aida Avella, en la zona rural de Tame.

Las fuerzas oscuras quieren acabar con lo inacabado, que es la esperanza por el bienestar de un estado que tanta paz necesita y que tanto puede dar al mundo en materia de producción. Para acercarnos a un acuerdo de paz será necesario dejar a un lado las ideas ortodoxas y darle paso a las ideas para mentes abiertas que permitan el acuerdo de un tratado para tres letras. 





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